lunes, 31 de octubre de 2016

La dignidad.

A veces siento que todos buscamos enamorarnos perdidamente de alguien. Pero no nos gusta expresar tal necesidad al extremo por eso preferimos mirar con ojos desconfiados a cualquiera que se digne a tirar un piropo.

Nos escondemos debajo de ese falso duro y frío corazón. Aunque no defino bien para que lo hacemos. Si es por evitar que nos lastimen como alguna vez o porque perdimos el coraje que nos da enamorarnos.

Pienso que sentir el amor te tiene que traer esos altibajos de querer extirparte un pedazo de cuerpo para solo sentir ese dolor y luego estar encima de una nube con exquisitas delicias que probar. Sentir amor es que Dios te toque el hombro unos segundos y más tarde que el diablo se divierta con vos.

Entonces nos arrastramos por conseguir aquello tan digno y a la vez lo rechazamos por el después. La mayoría del tiempo elegimos mirar hacia otro lado así desterramos el hecho de que en un tiempo vamos a soltar lágrimas por separarnos.

Incluso aquellos que confían en que existe su otra mitad en algún lugar del planeta son indecisos con tirarse a la pileta sin revisar el nivel del agua.

Volvimos al amor un sentimiento para estar precavido, casi como una enfermedad. Analizamos cada situación y hacemos experimentos previos a la verdadera relación sin darnos cuenta que cuando tenemos que optar por un sí o un no estamos hasta el cuello de amar.

Los que estamos en medio de la sensación apasionante y somos felices, tenemos un mini vértigo en la boca del estómago que nos dice caminar con precaución. Se nos acelera el corazón por la adrenalina; el hilo de pensamiento que nos lleva a que todo puede terminar en un segundo.


Es verdad… todo tiene fecha de expiración pero no podemos estar siempre esperando que eso llegue. Sería como tener miedo de morir y entonces no salir nunca de tu casa. Si hay algo por lo que es meritorio sufrir, es por amar y todos sus daños colaterales.

jueves, 28 de julio de 2016

Una explicación.

¿Qué es eso de que salimos con terror a una calle? De esa sensación de no poder confiar en nadie. De la incertidumbre de que te puede pasar.
Con la constante indecisión de vigilar a todos o mirar el suelo para no tropezar.

¿Cómo es eso de que las carteras son blanco fácil? De que los bolsillos van vacíos, y ni los auriculares podes tener. De que el valor de un papel varía si es tuyo o te lo roban.

¿De que se trata ese texto donde nos resumen como la especie civilizada? 

*Te llamo cuando llegue* Porque es muy probable que termine con un brazo roto por una llamada.
*Ahora no puedo* Porque voy en bondi e incluso ahí todo es peligroso.

Necesito con urgencia una explicación que tal vez sea imposible de encontrar. Porque los animales eran los seres irracionales e impredecibles y ahora nosotros nos comportamos como tales. El balance de si vale la pena o no confiar en alguien ahora tiene carga extra en el lado negativo.

¿Dónde queda lo de nunca juzgar un libro por su portada cuando ahora tenes que mirar eso para estar alerta? ¿Somos cazadores? ¿Nos cazan?

Y no te queda otra que admitir que nos mal acostumbramos a tener este rechazo hacia el resto. No queda otra que confesar que lo naturalizamos demasiado al punto de ciertos horarios armarnos un toque de queda.

Ahora resulta que ademas de vivir para estudiar, estudiar para trabajar y trabajar para pagar vivimos para desconfiar. Me encantaría ser la que diga que el mundo es un lugar ideal para ser feliz pero a veces la nube negra persigue tu cabeza.

Es el miedo quien hace que sobrevivas muchas veces, pero te deja esa sensación de suciedad en el cuerpo que es peor que una mancha de aceite en la mejor camisa.

No somos una especie civilizada cuando tenemos esta manía de que la adrenalina esta en una montaña rusa infinita. Menos aún cuando la guerra creada por gente que se odia destroza corazones inocentes. No, no lo somos. Dejamos hace tiempo de serlo o en realidad todo fue una idea utópica y en verdad jamás lo fuimos.

viernes, 17 de junio de 2016

Perdida

Hace tiempo que no estaba perdida como esta mañana. Donde el aire no tenía paso a mis pulmones. Donde el único consuelo posible era moverme mecánicamente de adelante hacía atrás.

No podía evitar llorar, no quería dejar de hacerlo. No estaba lista para decir nada y al mismo tiempo quería gritarlo todo.

Sus voces en mi cabeza otra vez, diciendo lo mal que estuve, diciendo que necesito ayuda. Y recaí, volví a aquel vicio sucio y barato. Demasiado cruel para mi cuerpo. Pero no tenía alternativa, me estaba afectando demasiado. Todo alrededor era una batalla que me incitaba a participar.

Los pocos momentos de tranquilidad me auto declaraba mi odio. No entendía como no era capaz de cambiar mis actitudes, como es posible tanto boicot. Volvía a estallar, volvía a mi vicio. Sin pausas, sin medir consecuencias. Sin esperar ayuda.

Quería que confiaran en mi pase lo que pase. Quería que dijeran que me entendían. Quería solo eso. Pero cada uno con sus palabras destrozo mi alma. Tampoco podía pretender que ellos dijeran exactamente lo que mi cabeza les pedía.

Ahí estaba yo; hiperventilando, moviéndome sin parar. Llorando. Nada más que llorando. Mis dos héroes perdían la fe en mí, la confianza se esfumaba y yo me tiraba al suelo por el dolor.

No servía ayer, no sirvo ahora para llorar frente a alguien. No logro victimizarme para que me den ese abrazo de todo va a estar bien que necesito. La mentira de que el cielo siempre es azul es irrefutable en estos días.

Y estoy perdida. Estoy en el medio de un mundo en blanco donde no sé qué es arriba, abajo. No hay lugar a donde correr pero si un amplio abismo de sensación horribles. Estoy perdida porque siento que remo en un lugar equivocado. Que me esfuerzo por ser eso que está mal y cuando lo logro me ofendo y me vuelvo loca porque decepciono a la gente.

Estoy mareada pero encuentro el cajón y marco una nueva herida en el brazo. Los viejos hábitos que jamás se abandonan. Las sensaciones de que el dolor está en otro lado, que tu alma esta amortiguada. Rojo, sangre y el vicio gana el set más el juego.

Supe tener mis ganancias donde decía no, donde daba un alto y el aire era respirable. Supe tener libertad de expresarle a alguien lo mal que me sentía. Como me estaba matando. Como me provocaba heridas.

Hoy no quiero decirlo a nadie, porque se considera una completa pérdida de tiempo, una absurda manera de que me miren. Aquellos que realmente tienen que mirar lo hacen pero hacia otro lado. Ignoran el dolor, ignoran la herida, la sangre. Porque decirlo y hablarlo es otra forma de decepción.


Ya están cansados de estar decepcionados de mí. No salí como un buen modelo y a estas alturas es difícil cambiarlo todo. Sigo perdida, sigo llorando, sigo sangrando. No quiero encontrarme. No quiero más historias que escribir. No quiero sus voces en mi cabeza. Su tono recordándome lo mal que estuve. Quiero que todo desaparezca, pero resulta imposible.

domingo, 3 de abril de 2016

Miedo.

El miedo te paraliza, te desorienta. Te desacomoda de tu lugar habitual.

Tener miedo provoca no hallar comodidad... No te deja descansar, te lleva al mismo recuerdo siempre. Te desespera.

Miedo por todos lados. Ahora. Ya. ¿sos normal otra vez? No, creo que no.

Succiona tus sueños, los distorsiona. Porque a eso se dedica.

El miedo está creado para que las noches de insomnio prevalezcan.

Tener miedo y no poder calmar esas palpitaciones en tu cabeza.

Gritar pero sin voz. Todo eso lo provoca él. No hay salidas en tu mente, no hay puertas a otros mundos. No hay teorías de auto ayuda. No se cuentan ovejas, no se mira el techo blanco. Nada.

El miedo te deja sin nada para luego darte todo. Todo los malos sentimientos de odio, de repugnancia. De dolor por no poder calmarte al temblar.

Te logra generar absurdas ideas de como las cosas pudieron salir diferentes pero no lo hicieron. Pasaron de tal modo y te dejaron así. Con un escalofrío por tu columna, sudor en la frente y muchas manchas negras por todos lados.

martes, 15 de marzo de 2016

Drugs.

Esa irónica mirada, esa preciosa sonrisa. Esa absurda manía de golpear mi cabeza como si fuera un perro que acaba de acatar la orden. El amor está auto declarado una mierda. Vamos a tomarnos el tiempo de usar la frase cliché de que este sentimiento es una droga.
Ahora desmenuzando la frase todos los sentimientos son una droga. Estar drogado de amor no está mal visto, todo lo contrario a esas que compras afuera de tu casa mirando a ambos lados por lo ilegal del asunto.

Todo esto te obliga a pensar si está bien el hecho de estar ahí drogándote con su cara perfecta. ¿Lo está? Porque antes de responder como cualquier esperanzado que le gustaría tener un amor digno de novela escrita por Nicolas Sparks hay que analizar que cada droga merece una debida rehabilitación.

Son duras. Son kilos de helado y filosofía de esas preguntas que derivan a otras y nunca hay un punto final. Nada es peor que una rehabilitación de la droga llamada amor. Del desapego de las canciones dedicadas, de no poder consumir más esa encantadora serie porque la miraban juntos.

Explícame el sentido de seguir esperando un mensaje de volver a empezar cuando aquella persona rehízo su vida. Explícame el buscar poemas para imaginar que un día viene y lo recita cuando parece que el oído desconocido en un bar es su nuevo lugar preferido. Explícame porque quedarte con su camiseta y dormir con ella.

Estas situaciones completamente bizarras que se ven solo en las películas; ocurren y no hay como escaparse de esto. El drogarse de amor es un hecho que en la vida uno tiene que experimentar para entender lo que conlleva su rehabilitación. Y una vez vivido esta gran destreza… decidir.

Decidir si hay una próxima vez para dejarte llevar por el éxtasis de los besos de despedida, de los mensajes de buenos días y los desayunos en la cama. ¿La hay? ¿Existe esa próxima vez? ¿De verdad queres pasar por esto continuamente?

A veces sentada en la cama mirando la pared blanca resumo mis pensamientos en que el amor realmente no vale la pena y este está sobre valorado. No requerís a otra persona para ser feliz. Porque quieras o no esa persona se va a ir, de un modo u otro se va, entonces estas en soledad y la felicidad se escapó por la ventana.

Uno tiene que ser feliz por sus propios medios, sonreír porque encontrar una hoja amarilla entre tantas verdes le parece maravilloso. Uno tiene que ser feliz con su propia carga, con sus sentimientos, con su vida. Uno tiene que ser feliz primero solo y el agregado de alguien debería ser solo un extra.



Debería.

jueves, 3 de marzo de 2016

Campo minado

La vida se trata de esto precisamente. Estas al frente de un campo abierto donde todo parece tan normal y pacifico; donde el paisaje te invita a acostarte en él y estar en paz.

La vida es de momentos. Porque ese campo abierto esta minado. Hay miles de trampas oscuras que van a hacerte explotar. 

La vida de momentos no te da chances de segundas oportunidades ni deja elegir quien va a cargar tu brazo que voló por los aires.

A veces el campo minado es demasiado grande, demasiado perfecto y uno sabe bien donde pisar para no lastimarse.

No hay indicaciones, no existe un mapa. A veces estas solo pisando con cuidado, pero el paisaje te distrae. Te seduce para que camines sin mirar donde poyas tu pie.

Y boom. Ya estas rengo. No hay vuelta atrás. No existen cirugías en este campo, tampoco los pegamentos funcionan. 

Siempre se puede avanzar un poco más. Ante cualquier circunstancia se puede seguir caminando con una sola pierna. Solo que requiere más esfuerzo.

Los sentidos se agudizan luego de una caída sensible. Te fuerzan a darle lugar a los detalles que antes no se distinguían. 

Pero en el medio, justo en el medio de todo comienzan las dudas. 

¿Qué hago acá? ¿Cómo llegue? ¿Cuantas cabezas pise? y la más importante de todas. ¿A donde voy?

Quizás no es tan importante el saber como uno avanzo por aquel lugar siniestro disfrazado de maravilloso. Si no, admitir que no tenes remota idea de hacía donde vas.


lunes, 25 de enero de 2016

Las míticas fiestas.

Introducción: Hablar de esto es como presentar un trabajo de campo en el que participe muchas veces para tener conocimiento justificado de lo que pasa en esos extraños fin de semana donde la ropa se piensa mucho, la cara lleva polvos raros y el perfume está fríamente calculado.

En esa tarde: El momento en el cual se decide si ese adorado sábado por la noche se sale a mover un poco las caderas (o intentarlo). Si sos mujer, es cuando te bañas y pensas que vas a ponerte. Unas cuantas opciones en la mente como para no dejarlo a último momento (de nuevo; o intentarlo).

La previa: Esas horitas antes de salir donde se comparte preciado tiempo con aquellos que te vas de parrando y ya estás consumiendo algo de alcohol para llegar algo alegre a la fiesta.
Si sos mujer todavía no sabes que carajo ponerte, con que combina y toda esa inmadurez innata que tenemos nosotras. Y la verdad que nos vestimos para las demás, que no critiquen el vestido, que no miren tanto los zapatos. Que no se fijen que nos despeinamos. Los últimos retoques y acción.

Llegar: ¿En auto? ¿Caminando? Se llega como se puede, se los espera en la puerta (caso de grupo con muchas personas) Se entra y se observa alrededor cual cazador en el bosque.
Estamos en el punto donde seguramente varios van al guardarropa, otros a la barra porque hay que calentar más los motores. Sí, mucho más que los de la previa.

Desarrollo: Acá podría escribir la clase de música pero sería absurdo, todos sabemos que bailamos en ese momento. Que nos gusta para desplazarnos como locos en el medio de toda esa gente. Ese grupito tuyo de todos tus amigos se dispersa de vez en cuando porque esta bueno pasear adentro del local, para saludar, para vigilar y para mirar quien esta con quien. O para escapar... ¿Porque no? El pasear te habilita a irte con otros amigos con los cuales no estuviste en la previa pero arreglaste para verlos ahí y uno que otro tema no te podes negarte a bailar. Suerte de vos si tenes alguien especial por ahí que te saca a bailar. Te colas en alguna foto que se sacan en el baño porque al parecer somos todos una familia. (Cosas de las míticas fiestas)

Llegamos al final: Las horas ahí adentro se pasan volando si sabes disfrutar del calor insoportable, de algún que otro empujón, de una cerveza que sin querer cayó por tu espalda, de la música que en un momento ni sabes la letra pero la cantas chamuyando a full. Hay un tema en especial con el que te echan del lugar y las luces se prenden de golpe. La puerta se abre y las ganas de salir son nulas.
Una de mis partes favoritas en estar afuera, a veces con el amanecer, otras a oscuras (dependiendo de la estación) viendo quien sale y como salen. Nada tan divertido como ver gente completamente borracha, intentando caminar, los gritos. Una que otra pelea. Los autos que quieren seguir y lo hacen.

Un after: Ese lugar (casa de alguien que está solo y seguramente es la última vez que lo dejan así) donde se proponen ir para seguir lo que el local les robo. Sin luces de colores pero con más alcohol, con música quizás sin remixar. Tu nivel de alcohol en ese momento sobrepasa cualquier límite y llamar a hugo tal vez haga falta. 

Final: Dormir a las diez de la mañana, no levantarte hasta que el ruido de tu casa es insoportable. La resaca es un enemigo poderoso de las fiestas o aliado depende de como lo mires. Hay muchas cosas que pasan en las fiestas y muchas más aún en los after, las fotos que llegan al otro día son las que no deben ser subidas porque te hacen querer ser un avestruz y enterrar la cabeza en la tierra.

Cada sábado un renacer para una noche inolvidable, inigualable. Porque de eso se tratan estás aventuras.