jueves, 3 de mayo de 2018

Me gustas.

Dos palabras formando la oración más fuerte de este mes (Y recién arranca).

Me gustas tanto como las series de superheroes, me gustas tanto como el frío que esta llegando. Me gustas y es tan sencillo decirlo que me da miedo que se me escape cuando te vea.

Porque decir me gustas no significa que el sentimiento este allí recíproco. No puedo saberlo, no se si quiero saberlo. La verdad es que me alegra sentirlo yo, me alegra saber que hay una persona por ahí que me hace sonreír. Sonreír de verdad y tener ganas de quedarme hasta madrugada hablando.

El volver a empezar riendo por alguien es uno de los revoltijos en el estómago que más extrañaba. Y me gustas tanto que las mariposas salieron volando, como en el video de calle 13, uno de esos últimos antes de no ser más C13.

Así de sencillo y complicado a la vez.

miércoles, 28 de marzo de 2018

No te vendas.

No te vendas por un beso.
No te rebajes al duro momento de soledad que tenes con una bebida alcohólica en la mano y el mundo a tu alrededor no para de moverse.
Hace calor, la música es aturdidora y por ahí están esos labios tentando. Pero no te vendas por un beso. Por favor no.
Porque no se puede negar lo especial que puede ser ese contacto.
Lo embriagador que resulta el momento pero el después siempre te asesina lentamente.


A veces no solo quien esta del otro lado conspira en tu contra. Todos están mirando, apostando porque lo hagas. Te victorean y uno simplemente jamas se niega a la masa.
Por eso, no te vendas. Toma la precaución de aclarar todo antes. Analiza las opciones y luego escapa.

¿...Que si mi consejo es escapar de ese beso? Si y te lo repito una vez más. Escapa de ese beso porque no es lo que buscas. De este raro encuentro donde la música ahora suena demasiado fuerte no nace el romance, por lo menos no el bueno, no el de los cuentos. No el que te mereces.

No te vendas porque hay que besar. No te vendas por un beso.

lunes, 31 de octubre de 2016

La dignidad.

A veces siento que todos buscamos enamorarnos perdidamente de alguien. Pero no nos gusta expresar tal necesidad al extremo por eso preferimos mirar con ojos desconfiados a cualquiera que se digne a tirar un piropo.

Nos escondemos debajo de ese falso duro y frío corazón. Aunque no defino bien para que lo hacemos. Si es por evitar que nos lastimen como alguna vez o porque perdimos el coraje que nos da enamorarnos.

Pienso que sentir el amor te tiene que traer esos altibajos de querer extirparte un pedazo de cuerpo para solo sentir ese dolor y luego estar encima de una nube con exquisitas delicias que probar. Sentir amor es que Dios te toque el hombro unos segundos y más tarde que el diablo se divierta con vos.

Entonces nos arrastramos por conseguir aquello tan digno y a la vez lo rechazamos por el después. La mayoría del tiempo elegimos mirar hacia otro lado así desterramos el hecho de que en un tiempo vamos a soltar lágrimas por separarnos.

Incluso aquellos que confían en que existe su otra mitad en algún lugar del planeta son indecisos con tirarse a la pileta sin revisar el nivel del agua.

Volvimos al amor un sentimiento para estar precavido, casi como una enfermedad. Analizamos cada situación y hacemos experimentos previos a la verdadera relación sin darnos cuenta que cuando tenemos que optar por un sí o un no estamos hasta el cuello de amar.

Los que estamos en medio de la sensación apasionante y somos felices, tenemos un mini vértigo en la boca del estómago que nos dice caminar con precaución. Se nos acelera el corazón por la adrenalina; el hilo de pensamiento que nos lleva a que todo puede terminar en un segundo.


Es verdad… todo tiene fecha de expiración pero no podemos estar siempre esperando que eso llegue. Sería como tener miedo de morir y entonces no salir nunca de tu casa. Si hay algo por lo que es meritorio sufrir, es por amar y todos sus daños colaterales.

jueves, 28 de julio de 2016

Una explicación.

¿Qué es eso de que salimos con terror a una calle? De esa sensación de no poder confiar en nadie. De la incertidumbre de que te puede pasar.
Con la constante indecisión de vigilar a todos o mirar el suelo para no tropezar.

¿Cómo es eso de que las carteras son blanco fácil? De que los bolsillos van vacíos, y ni los auriculares podes tener. De que el valor de un papel varía si es tuyo o te lo roban.

¿De que se trata ese texto donde nos resumen como la especie civilizada? 

*Te llamo cuando llegue* Porque es muy probable que termine con un brazo roto por una llamada.
*Ahora no puedo* Porque voy en bondi e incluso ahí todo es peligroso.

Necesito con urgencia una explicación que tal vez sea imposible de encontrar. Porque los animales eran los seres irracionales e impredecibles y ahora nosotros nos comportamos como tales. El balance de si vale la pena o no confiar en alguien ahora tiene carga extra en el lado negativo.

¿Dónde queda lo de nunca juzgar un libro por su portada cuando ahora tenes que mirar eso para estar alerta? ¿Somos cazadores? ¿Nos cazan?

Y no te queda otra que admitir que nos mal acostumbramos a tener este rechazo hacia el resto. No queda otra que confesar que lo naturalizamos demasiado al punto de ciertos horarios armarnos un toque de queda.

Ahora resulta que ademas de vivir para estudiar, estudiar para trabajar y trabajar para pagar vivimos para desconfiar. Me encantaría ser la que diga que el mundo es un lugar ideal para ser feliz pero a veces la nube negra persigue tu cabeza.

Es el miedo quien hace que sobrevivas muchas veces, pero te deja esa sensación de suciedad en el cuerpo que es peor que una mancha de aceite en la mejor camisa.

No somos una especie civilizada cuando tenemos esta manía de que la adrenalina esta en una montaña rusa infinita. Menos aún cuando la guerra creada por gente que se odia destroza corazones inocentes. No, no lo somos. Dejamos hace tiempo de serlo o en realidad todo fue una idea utópica y en verdad jamás lo fuimos.

viernes, 17 de junio de 2016

Perdida

Hace tiempo que no estaba perdida como esta mañana. Donde el aire no tenía paso a mis pulmones. Donde el único consuelo posible era moverme mecánicamente de adelante hacía atrás.

No podía evitar llorar, no quería dejar de hacerlo. No estaba lista para decir nada y al mismo tiempo quería gritarlo todo.

Sus voces en mi cabeza otra vez, diciendo lo mal que estuve, diciendo que necesito ayuda. Y recaí, volví a aquel vicio sucio y barato. Demasiado cruel para mi cuerpo. Pero no tenía alternativa, me estaba afectando demasiado. Todo alrededor era una batalla que me incitaba a participar.

Los pocos momentos de tranquilidad me auto declaraba mi odio. No entendía como no era capaz de cambiar mis actitudes, como es posible tanto boicot. Volvía a estallar, volvía a mi vicio. Sin pausas, sin medir consecuencias. Sin esperar ayuda.

Quería que confiaran en mi pase lo que pase. Quería que dijeran que me entendían. Quería solo eso. Pero cada uno con sus palabras destrozo mi alma. Tampoco podía pretender que ellos dijeran exactamente lo que mi cabeza les pedía.

Ahí estaba yo; hiperventilando, moviéndome sin parar. Llorando. Nada más que llorando. Mis dos héroes perdían la fe en mí, la confianza se esfumaba y yo me tiraba al suelo por el dolor.

No servía ayer, no sirvo ahora para llorar frente a alguien. No logro victimizarme para que me den ese abrazo de todo va a estar bien que necesito. La mentira de que el cielo siempre es azul es irrefutable en estos días.

Y estoy perdida. Estoy en el medio de un mundo en blanco donde no sé qué es arriba, abajo. No hay lugar a donde correr pero si un amplio abismo de sensación horribles. Estoy perdida porque siento que remo en un lugar equivocado. Que me esfuerzo por ser eso que está mal y cuando lo logro me ofendo y me vuelvo loca porque decepciono a la gente.

Estoy mareada pero encuentro el cajón y marco una nueva herida en el brazo. Los viejos hábitos que jamás se abandonan. Las sensaciones de que el dolor está en otro lado, que tu alma esta amortiguada. Rojo, sangre y el vicio gana el set más el juego.

Supe tener mis ganancias donde decía no, donde daba un alto y el aire era respirable. Supe tener libertad de expresarle a alguien lo mal que me sentía. Como me estaba matando. Como me provocaba heridas.

Hoy no quiero decirlo a nadie, porque se considera una completa pérdida de tiempo, una absurda manera de que me miren. Aquellos que realmente tienen que mirar lo hacen pero hacia otro lado. Ignoran el dolor, ignoran la herida, la sangre. Porque decirlo y hablarlo es otra forma de decepción.


Ya están cansados de estar decepcionados de mí. No salí como un buen modelo y a estas alturas es difícil cambiarlo todo. Sigo perdida, sigo llorando, sigo sangrando. No quiero encontrarme. No quiero más historias que escribir. No quiero sus voces en mi cabeza. Su tono recordándome lo mal que estuve. Quiero que todo desaparezca, pero resulta imposible.

domingo, 3 de abril de 2016

Miedo.

El miedo te paraliza, te desorienta. Te desacomoda de tu lugar habitual.

Tener miedo provoca no hallar comodidad... No te deja descansar, te lleva al mismo recuerdo siempre. Te desespera.

Miedo por todos lados. Ahora. Ya. ¿sos normal otra vez? No, creo que no.

Succiona tus sueños, los distorsiona. Porque a eso se dedica.

El miedo está creado para que las noches de insomnio prevalezcan.

Tener miedo y no poder calmar esas palpitaciones en tu cabeza.

Gritar pero sin voz. Todo eso lo provoca él. No hay salidas en tu mente, no hay puertas a otros mundos. No hay teorías de auto ayuda. No se cuentan ovejas, no se mira el techo blanco. Nada.

El miedo te deja sin nada para luego darte todo. Todo los malos sentimientos de odio, de repugnancia. De dolor por no poder calmarte al temblar.

Te logra generar absurdas ideas de como las cosas pudieron salir diferentes pero no lo hicieron. Pasaron de tal modo y te dejaron así. Con un escalofrío por tu columna, sudor en la frente y muchas manchas negras por todos lados.

martes, 15 de marzo de 2016

Drugs.

Esa irónica mirada, esa preciosa sonrisa. Esa absurda manía de golpear mi cabeza como si fuera un perro que acaba de acatar la orden. El amor está auto declarado una mierda. Vamos a tomarnos el tiempo de usar la frase cliché de que este sentimiento es una droga.
Ahora desmenuzando la frase todos los sentimientos son una droga. Estar drogado de amor no está mal visto, todo lo contrario a esas que compras afuera de tu casa mirando a ambos lados por lo ilegal del asunto.

Todo esto te obliga a pensar si está bien el hecho de estar ahí drogándote con su cara perfecta. ¿Lo está? Porque antes de responder como cualquier esperanzado que le gustaría tener un amor digno de novela escrita por Nicolas Sparks hay que analizar que cada droga merece una debida rehabilitación.

Son duras. Son kilos de helado y filosofía de esas preguntas que derivan a otras y nunca hay un punto final. Nada es peor que una rehabilitación de la droga llamada amor. Del desapego de las canciones dedicadas, de no poder consumir más esa encantadora serie porque la miraban juntos.

Explícame el sentido de seguir esperando un mensaje de volver a empezar cuando aquella persona rehízo su vida. Explícame el buscar poemas para imaginar que un día viene y lo recita cuando parece que el oído desconocido en un bar es su nuevo lugar preferido. Explícame porque quedarte con su camiseta y dormir con ella.

Estas situaciones completamente bizarras que se ven solo en las películas; ocurren y no hay como escaparse de esto. El drogarse de amor es un hecho que en la vida uno tiene que experimentar para entender lo que conlleva su rehabilitación. Y una vez vivido esta gran destreza… decidir.

Decidir si hay una próxima vez para dejarte llevar por el éxtasis de los besos de despedida, de los mensajes de buenos días y los desayunos en la cama. ¿La hay? ¿Existe esa próxima vez? ¿De verdad queres pasar por esto continuamente?

A veces sentada en la cama mirando la pared blanca resumo mis pensamientos en que el amor realmente no vale la pena y este está sobre valorado. No requerís a otra persona para ser feliz. Porque quieras o no esa persona se va a ir, de un modo u otro se va, entonces estas en soledad y la felicidad se escapó por la ventana.

Uno tiene que ser feliz por sus propios medios, sonreír porque encontrar una hoja amarilla entre tantas verdes le parece maravilloso. Uno tiene que ser feliz con su propia carga, con sus sentimientos, con su vida. Uno tiene que ser feliz primero solo y el agregado de alguien debería ser solo un extra.



Debería.